Diario secreto: espía Lemmy Caution (345-A)

Capítulo 2

Jueves 17 de diciembre de 2009, por la felguera

Capítulo 2

Amsterdam, octubre 2004. ¿Cómo llegué hasta allí? Los recuerdos se acumulan, pero son confusos. Caras antes conocidas se disuelven en una bruma. Me veo a mí mismo huyendo. Huyendo de mis sentimientos, de sensaciones apenas intuidas, de las sombras de un pasado que me persigue hasta en esa ciudad extraña. Un primer contacto. Señales a lo largo de los canales. Señales de las que no supe extraer todo su significado, pero que quedaron marcadas a fuego en mi interior. Un color. Una sensación que se repetirá años después. Demasiadas noches sin dormir. Dando vueltas sin comprender. Atrapado.

Un café. Una conversación de la que no recuerdo apenas nada junto a personas a las que no logró poner un rostro. En mi chaqueta hay una carta con instrucciones. ¿Quién la puso ahí? Cuidado, te vigilan de cerca. Emprendo una búsqueda a través de las calles llenas de gente, pero sólo siento el vacío… caigo… caigo en el vacío rodeado de luces que ciegan y voces que ríen… vacío… soledad… oscuridad… Entonces apareció ante mí. Hassan i Sabbah. Recuerdo su larga barba blanca, su rostro más antiguo que esta civilización. Sonrió y me habló: «Escapa. Emprende una huida a través del tiempo. Olvida todo lo que creías que eras. Has de perderte para encontrarte y llegar a ser uno de los nuestros. El camino será largo, pero no debes desesperar. Tendrás que aprender a escuchar el silencio. Entonces llegará… La Tercera Fuerza. Llegará hasta ti y tú llegarás a ella. Comprenderás entonces muchas cosas y descubrirás el poder de tu mirada, de tus manos, de tus labios. Comenzará una nueva vida, pero jamás confíes en su certeza, siempre te esquivará y sólo podrás alcanzarla con la espada. Comienza tu búsqueda. No temas. No te resignes. Y no olvides mis palabras.»

Desperté en un hostal, sudoroso. Todo era demasiado extraño. Preguntas. Muchas preguntas y una sola respuesta. Comenzar una nueva vida. Una pista: la Tercera Fuerza. Algo a lo que aferrarse, pero, algo tan vago… La Tercera Fuerza… ¿Una ilusión? ¿Una trampa? ¿Una esperanza? ¿Un mero sueño? ¿Dónde comenzar? Me decidí. Abandoné todo lo que tenía, todas las certezas, todas las ilusiones. Emprendí el camino más largo pero más apasionante que se puede iniciar. La búsqueda de una aventura. La mayor aventura posible en este mundo. Conocí a algunas personas que parecían participar del mismo secreto o quizás de otros parecidos. Marginados, soñadores, agentes secretos de una sociedad que ellos mismos apenas intuían. Cada historia era distinta, pero querían confluir en algún lugar. Me equivoqué en algunas ocasiones. Pero en unas muchas otras acerté. Había algo, algo mágico y cautivador, de un poder y una fuerza que no podíamos comprender en toda su magnitud. Pocos sabían con certeza qué era lo que buscábamos, hacia dónde nos dirigíamos. Vagué sólo y acompañado. Me deslicé por mapas que muy pocos podían entender. Recorrí calles en las que se podía leer como en un libro. Me acerqué al león y lo acaricié. Contemplé el mar en una ciudad a cientos de kilómetros de la costa. Perdí el rumbo numerosas veces, agotado de esperar el fin en un desierto de piedra. Descendí a catacumbas donde se esconden extraños seres, razas olvidadas que esperan desde hace siglos el momento en el que podrán salir a la superficie y volver a oler el viento y sentir el sol sobre sus cuerpos. Los amé. Caminé cientos de kilómetros sin salir de una ciudad que se iba sumando a otras cien sin poder jamás llegar a territorio abierto. Comprendí que no había huida posible. Comprendí que aquello que buscaba estaba ahí. Siempre había estado ahí. Sólo hay que dotarlo de sentido y de contenido. Pero, ¿cómo? Parecía que había vuelto al principio.

Las tempestades sobrevinieron y me arrastraron durante meses. Me creí perdido, tragado por oleadas de frío y dolor que se clavaban en mis sienes. Desesperé. Pero no olvidé las palabras de Hassan i Sabbah. Cerré los ojos y me introduje en mis propias pesadillas. Me zambullí conscientemente y me aferré a las pequeñas aristas que comenzaron a surgir, lenta, pero firmemente, hasta llegar a construir un pequeño roquedal de alabastro. Me refugié allí durante un tiempo. Puse en orden mis pensamientos y las sensaciones acumuladas durante años. Un día me decidí y salté al vacío. Elektra. Un lugar en medio del vacío. Un triángulo dotado de un potencial psicogeográfico como nunca sentí. Todo ya es periferia. Lo comprendí. Los límites están aquí. Así pude llegar hasta un recóndito lugar en el fin del mundo. Y allí volví a ver el rostro de Hassan i Sabbah. Me saludó con la mirada. Me acerqué y besé su mejilla. Vi rostros que me eran familiares. Nos reencontramos. Nos saludamos y bebimos durante toda la noche. Compartimos pasiones al mismo tiempo que el vino enrojecía nuestras mejillas. Sentimos el deseo de enamorarnos. Las palabras se fueron acumulando sobre viejas mesas y junto a ellas puños decididos. Una asamblea secreta en la que la pasión era la guía. Un pequeño comienzo, pero una ambición que nada puede contener y que a todo aspira. Había llegado al final de un camino, pero todavía queda un gran camino que recorrer. Comprendí. Una verdad. Una misión. Un ejército. Babilonia caerá. Desencadenar el Apocalipsis. La Tercera Fuerza. ¿Hacia dónde nos conducirán los nuevos senderos? Quizás nos perdamos, pero no dejaremos de danzar en la noche. Como lobos. La Tercera Fuerza jamás duerme.

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