Finalmente me declararon no apto para ingresar en los cuadros de intercepción de primer nivel. Fracasado. Me convertí en un problema social y psicológico. Claramente inestable. Me inyectaban drogas sintéticas a diario para manternerme en un estado de semilatencia psíquica. Pero cometieron algún descuido. Suele ocurrir. Los raros momentos de lucidez los dediqué a la observación y al estudio. ¡Qué extravagancia más insolente! Pero no le dieron más importancia. Mi destino importaba poco. No valía nada. Así, pude pasar horas en olvidados lugares donde aún quedaban recuerdos. Fui atando cabos que me llevaron a buscar una verdad que no era la evidente. Llegué a los márgenes y aprendí a leer en ellos. En la periferia descubrí un mundo que había sido ocultado, un mundo que los hombres grises habían tratado de borrar en su totalidad. Pero, sin embargo, allí estaba. Los restos del naufragio y los supervivientes del mismo, tratando de recomponer la nave.
Soñaba. Viajaba a través del tiempo, tras el muro fresco y luminoso del sueño. Pero no era suficiente. Un día decidí correr el riesgo. Me desconecté. No ocurrió nada, pero sentí algo diferente a mi alrededor, en mi forma de mirar, en mis gestos, tan diferente que me asusté. Pero reí. Y eso fue lo más maravilloso que me había sucedido en años. Me sentí libre. Pero me costó cara esa osadía. Fui obligado a permanecer en el secadero. Reacondicionamiento. Un año tras otro hasta perder la cuenta. Pero había comprendido muchas cosas para dejarme impresionar por su torpe ilusionismo. ¿Cómo podría hacerlo si había aprendido a viajar en el tiempo? Sólo reía y seguía conspirando en secreto. Por supuesto, yo no era importante. Nadie lo es para ellos. Lo importante es el todo. El correcto funcionamiento de la máquina. Una pieza defectuosa puede reemplazarse fácilmente por otra. Y lo que no sirve sólo se deshecha. Tenía que ocurrir. Un veredicto. Nada que hacer. Estaba listo para la demolición.
Expulsado a la zona cero. Nadie pudo ayudarme. Todos volvían la cabeza. Más drogas. Luces fosforescentes me ciegan. Gente a mi alrededor habla pero no puedo comprender sus palabras. Algo no está bien en mí. Algo sucede. Me examinan. ¿Qué quieren de mí? Ha llegado el momento… Confusión. Desconexión… Las luces se apagan. Y todo se desvanece… Oscuridad… ¿Qué ha ocurrido? Estoy despertando del más profundo sueño. ¿Dónde estoy? Una sala. Algo ha ocurrido. Voces. Voces amigas. Agarran mis manos. Siento calor. Mucho calor, más del que haya sentido jamás, con una simple caricia. Sonrío. ¿Quién soy yo? ¿Estoy vivo o muerto? Mi mente despierta poco a poco. Pierdo el miedo. Comprendo. Me han liberado. Ya no soy uno de ellos. Ahora llevo una bomba en mi interior. Clic. Clic. Clic. Clic. ¿Puedes oírla? El pasado ya no importa, el futuro se abre a mis ojos en llamaradas de fuego. Me volví de acero en el gran campo magnético por el que tuve que vagar durante largo tiempo. Ahora miro fijamente el mundo y planeo mi venganza desde la tumba. ¡Soy el hombre de hierro y vivo de nuevo! ¡Ja, ja, ja!
