Diario secreto: espía Lemmy Caution (345-A)

Capítulo 1

Sábado 7 de noviembre de 2009, por la felguera

Capítulo 1

¿Quién soy? Es una pregunta que dejé de hacerme hace tiempo. Carece de importancia. Lo importante es saber dónde estoy en cada momento. Saber situarse más allá de la parcela en la que cada cual espera sentirse seguro. Porque no hay refugios en los que cobijarse. Ya no. La única patria posible está en el tiempo.

Siempre fui un nómada, a pesar de no haber salido jamás del lugar que me asignaron para vivir. Escapé por puro instinto de aquello que es norma, de aquello que se convirtió un día en el único horizonte. Deambulaba por la interzona rodeado de emisarios de un mundo exterior. Vi perderse a muchos. Mis mejores amigos. Ausentes de sí mismos. Cada día más lejanos, hasta ver alejarse su silueta en la lejanía. Adiós, amigos... Soledad. El Abismo de la indiferencia. Fui inoculado con el virus. Quizás en este mundo todos lo llevamos ya dentro. Nada fuera de lo común. Me sentía cada día más viejo y cansado. La depresión y las drogas son la regla en la interzona. He convivido con ellas mucho tiempo. Me golpearon duramente, pero logré aprender muchas cosas de ellas. Sobreviví y aprendí a vivir. Comprendí que la enfermedad es más que un síntoma, es más que un estado de ánimo. La enfermedad es un estado de guerra permanente.

Quizás sea necesario perderse para encontrase a uno mismo. Perderse para encontrar un sendero distinto, oculto a la vista, donde encontrar a otros que recorren un mismo camino, un camino que avanza hacia lo desconocido. Fundirse en negro para descubrir los colores. Pero también existe el peligro de perderse para siempre, de no encontrar ningún sendero, de hundirse en la más absoluta oscuridad y no regresar jamás. El miedo es poderoso, pero el deseo también lo es. Hay que arriesgarse. Y hay que aferrar la mano que se nos tiende.

Descubrí pasajes que abrían una puerta secreta hacia otros mundos. Las paredes hablan. Decidí escuchar su canto y adentrarme en el laberinto. No tenía nada que perder. Aprendí a soñar. Todo parecía nuevo, aunque era ya viejo. Y sin embargo era contagioso. Aunque también peligroso. No hay que peder de vista la realidad. Me di cuenta de que las palabras también trabajan para el enemigo. Cada una de ellas es una losa. La apariencia es más importante que la sinceridad incluso aquí. Y lo verdadero también puede ser un momento de lo falso. ¿Qué hacer? No rendirse a la desesperación. Los gestos desesperados trabajan para el enemigo. Hay que empezar por reunir los fragmentos. Continuar aprendiendo.

La vida y la muerte se confunden a veces, pero no son equivalentes. Todavía es posible la aventura más allá del parque temático. Todavía es posible la pasión a pesar de las adormideras y las desilusiones. Todavía el deseo no ha quedado reducido a mero producto de consumo. Todavía podemos armar la palabra y dotar de sentido a los hechos. Aún existe una vida por ganar. Hay que golpear sin tregua en cada lugar y en cada momento. Hay que saber escuchar, aprender a mirar. Existe una fuerza oculta que puede hacer estallar todo dentro de nosotros mismos y propagar el fuego al exterior. Es apenas un sentimiento, una intuición, pero sentí todo su potencial. Sentí el deber de convertirme en partisano. Por eso me uní a la Tercera Fuerza y me encaminé al fin del mundo. Hemos conocido la derrota demasiadas veces, la victoria se ve muy lejana, pero la guerra apenas ha comenzado.

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