Jim Jones. Prodigios y milagros de un predicador apocalíptico

Prólogo de Jordi Valls.

Lunes 21 de noviembre de 2011, por la felguera

Hyacinth Thrash, una anciana negra de 76 años, se incorporó de su cama y, despacio, se dispuso a salir de su habitación. No había escuchado nada, ningún ruido o grito, nada que pudiera hacerle sospechar lo que había sucedido mientras dormía. Salió fuera de su casa y comenzó a pasear por lo que parecía una ciudad fantasma. De pronto, sintió un escalofrío: “Oh, Dios mío, han llegado y se los han llevado a todos”, pensó. En su cabeza se agolpaban imágenes de decenas de paramilitares descendiendo de helicópteros y de hombres enmascarados avanzando entre la selva. ¿Habría llegado por fin el terrible día que había anunciado su líder y profeta, el Reverendo Jim Jones, en el que un terrible Armagedón acabaría con la civilización? Sin embargo, lo que vio la dejó estupefacta. Centenares de personas, formando pequeños grupos, aparecían muertas y sin aparentes signos de violencia, como si durmieran plácidamente. En noviembre de 1978, los periódicos de todo el mundo amanecieron con un increíble titular: 909 miembros de una extraña e inquietante secta llamada Templo del Pueblo, dirigida por el megalómano Jim Jones, habían fundado en el interior de una remota selva una especie de “paraíso” en la Tierra (al que llamaron “Jonestown”) y cometido el mayor suicidio colectivo de la historia, una tragedia que el propio Jones -siguiendo las palabras del líder del black power Huey P. Newton- definió como un “suicidio revolucionario”.

Jim Jones difundió una curiosa doctrina que mezclaba cristianismo con socialismo, al mismo tiempo que afirmaba ser capaz de sanar a los enfermos así como experimentar visiones que anunciaban un inminente final de los tiempos.

Jim Jones. Prodigios y milagros de un predicador apocalíptico narra una de las historias más terribles e interesantes del siglo XX y recoge, por vez primera en castellano, el escalofriante discurso final que pronunció Jim Jones instantes antes de producirse el suicidio. Del mismo modo, incluye un prólogo de Jordi Valls (prestigioso fundador de Vagina Dentata Organ y artista francotirador) escrito expresamente para esta edición, seguido por un ensayo de Servando Rocha en torno al culto y la figura de su líder.

*Prensa:

“Jim Jones, uno de los predicadores reconvertido a rockstar ficticia (¿o al revés?) más importantes de la historia del proto-evangelismo más contradictorio y supuestamente social y utópico que haya parido el cultismo religioso, logró convencer a cientos de sus seguidores más fieles a hacer un viaje a la tierra prometida (Guyana, aquel pequeñísimo país-reducto del norte de Sudamérica) casi como un mesías del apocalipsis, proclamar el fin del mundo y tener la “gran” (guiño, guiño, claro) idea de propiciar el suicidio masivos y colectivo más multitudinario, trágico, subversivo y revolucionario de la historia de las creencias populares más marcianas”

Notodo.com

“Jones quería ser recordado como un mártir. Si Jesucristo dijo “ningún hombre me arrebatará la vida; yo la doy voluntariamente”, entonces hágase su voluntad. En el camino Jones malinterpretó el “suicidio revolucionario” de los Panteras Negras, e hizo suyas las palabras de Mao: “la muerte nos llega a todos por igual, pero varía en sus significados. Morir por causas revolucionarias es más ligero que una pluma, pero morir por la revolución es más pesado que la montaña del Tai”.

Numerocero

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