El país es Irak, y Mohammed no existe. Es fruto de mi imaginación, pero podría poner la mano en el fuego y afirmar que hay cientos, sino miles, de ellos que han pasado por las mismas o peores gracias de esos pobres soldados -pobres si alguno llegó a creer que estaba liberando un país-. Y lo peor está por llegar, con muchas más fotografías e incluso vídeos sobre los malos tratos y torturas a prisioneros iraquíes. Lo peor no es que haya más hombres, mujeres y niños violados, torturados y asesinados. Ni siquiera es el fin de la confianza que muchos tenían en los Estados Unidos como país liberador del pueblo iraquí. Lo peor tampoco será que otro Mohammed, o quizás el mismo Mohammed de antes, el de la cárcel de Abu Ghraib, se dedique a pegar tiros a soldados de la coalición o a degollar civiles o mercenarios en Irak. Lo peor de todo esto es pensar que las pobres chicas soldado -tan buenas, tan inocentes en su país de libertad- son las únicas responsables directas del maltratato y torturas y violaciones y asesinatos y…. No son ellas, ni tampoco el soldado con pinta de matón recién salido de un bar sureño, ni tampoco lo sería el soldado latino o negro que se prestase a eso. Sería fácil pensar que en situaciones límites uno es capaz de eso y de todo -tú vida o la mía, dirían algunos- y que en realidad nos encontramos ante personas buenas, normales, que nos saludan en el ascensor y que nos dan los buenos días con una sonrisa. Igualito a la vecina de aquel maltratador que mató a su mujer y que salía en el telediario diciendo que "era muy normal". ¡Señora, espabile, ese hombre a matado a su mujer a hachazos, la ha quemado viva, la ha tirado por el balcón!. ¿No les suena a algo? Lo escuchamos todos los días. Personas malas, tan malas malísimas que hasta nos hacían creer que eran buenas, con esos modales tan finos. Niñas que se pagan sus estudios en la universidad californiana torturando iraquíes. ¡Mejor te quedas trabajando de camarera o de peluquera o de lo que sea, antes que pagar tus estudios de derecho, economía o historia con la sangre de hombres, mujeres y niños árabes!. Pero recordemos la táctica rumsfeldiana (no es nueva, es aplicada desde hace siglos, Rumsfeld no es tan ingenioso para reinventar a Maquiavelo): culpar al individuo de lo malo y apuntarse lo bueno. Pobre chico o chica americana, Estados Unidos es bueno, hay manzanas podridas, pero les trataremos medianamente bien, como aquel John Walker, el talibán estadounidense capturado en Afganistán Es, fue malo, una manzana dentro del buen sistema, pero es nuestro malo, nuestro hijo de puta, así que lo trataremos mejor que al resto de hijos de puta. (1) Sería necesario insistir en que hablamos de un sistema. No hablamos de una niña que se ha sobrepasado en Bagdag, como tampoco hablaríamos de un señor que se le fue la mano y que mató a su mujer. Es un sistema, con sus normas y sus procedimientos educativos bien definidos. Vayamos a Huxley e imaginemos que uno de los alfas (2) de la sociedad cogiera una escopeta, un fusil o una metralleta. Ahí no dudamos de que el culpable es el sistema. No deberíamos dudarlo porque sabemos que cuando Huxley nos habló de ese mundo feliz, los alfas, los betas, los gammas, los delta y los epsilones ya tenían una función dentro de la sociedad, por lo tanto, si un alfa hacía algo, tras su periodo de instrucción-manipulación-adoctrinamiento, no actuaba como sujeto propietario de sus actos, sino como un engranaje más de la maquinaria del sistema. Por lo tanto, si mata, mata el sistema, él cumple su función. Todos cumplen su función, hasta las víctimas, ¿no son acaso los iraquíes los epsilon de esta sociedad? El asunto parte de que ahora América se cree la inventora y única protectora de este mundo feliz, su mundo feliz. Y se lo cree con razón, el fin de la historia, el de Francis Fukuyama es en parte real (3). No hay rivales al poder de la casa blanca, éste es el sistema ganador de la gran partida de ajedrez de la guerra fría. Pues nada, los campeones nos imponen su sistema y su concepto de orden y, peor aún, de felicidad. "El secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que hay obligación de hacer. Tal es el fin de todo el acondicionamiento: hacer que cada uno ame el destino social, del que no podrá liberarse". (4) Ésa es la felicidad de América. Quizás seamos poco agradecidos al esfuerzo que se hace desde Washington por lograr la felicidad del mundo, pero quizás, ninguno queramos esa felicidad. Trasladar este extracto de Un mundo feliz de Huxley a 2004, en Irak, por poner un ejemplo, es decir abiertamente: ¡Escuche señor árabe, si usted quiere encontrar la felicidad y la virtud tiene que amar servirnos, postrarse ante nosotros y hacer lo que está escrito en el destino mundial, del que no podrá liberarse y, advierto, mejor ni lo intente! Pero aunque la maquinaria funciona, dirán los inventores del mundo feliz, hay manzanas podridas dentro de los alfa, de hecho, jamás, y dicen jamás, un alfa tiene como fin torturar, matar y violar. Y hasta son capaces de responsabilizarse por ese mal comportamiento, porque de antemano saben que la política es pedir perdón por algo de lo que ellos, aún siendo responsables, no tienen la culpa. Hay tantos soldados que resulta imposible que todos sean acordes al modelo de soldado alfa, -eso dicen- y nosotros nos lo creemos. ¡Será capullo el Rumsfeld! Pero es no es así, los alfas podridos que denuncia el secretario de defensa no son la excepción de la noble raza de alfas. Son parte del comportamiento alfabético del sistema. Y ¡sorpresa! nos encontramos con que el sistema es malo y que puede desmontar la teoría de las manzanas podridas de Rumsfeld. "Las cárceles, donde el equilibrio de poder es tan dispar, tienden a ser lugares brutales y abusivos, afirma. El problema en Stanford (universidad donde se hicieron experimentos relativos al comportamiento en prisiones) y en Irak, añade, "no es que pusiéramos manzanas podridas en una cesta sana. Ponemos manzanas sanas en una cesta podrida. La cesta corrompe todo lo que toca". (5) Resulta entonces que nos encontramos con un verdugo que es víctima. Aunque, no estoy tan seguro de eso. Es como el libro de Norman Mailer (6), el de La Canción del Verdugo, con una víctima-verdugo que se mueve de un lado a otro, tambaleándose en su sobredosis de libertad. Ni siquiera sabemos si sólo sabe vivir entre rejas y el mundo, fuera, es su verdadera cárcel. Extraña novela y extraña sociedad donde los verdugos son víctimas y las víctimas son verdugos. Exculpar a la niña, o al chico con cara de matón que sale en las fotos sería un error. Tan error como creer que ellos son los únicos verdugos. Pero no lo olvidemos, son verdugos. Y eso, sin que lo sepamos, es lo que marca la diferencia. Tanto que me atrevería a decir que Huntington (7) tuvo razón, que su choque de civilizaciones existe, que es real. Pero yo diría que no hay un choque entre Occidente y el mundo árabe o islámico como dice él. Yo diría que hay un choque entre verdugos y víctimas. Esto tendría la ventaja de meter a príncipes y dictadores árabes en el saco de los verdugos, y meter en el saco de las víctimas a la familia iraquí. También nos permitiría meter en el saco de las víctimas a los que resisten en pleno Estados Unidos y hacen frente al régimen de neoconservadores (fascistas y fundamentalistas cristianos) que gobiernan el país. Es probable que nosotros también tengamos algo de verdugos, por mucho que nos duela, pero somos principalmente víctimas -lo que no implica que tengamos que optar por el victimismo- y lo reconocemos. También reconocemos lo que implica ser verdugo y lo que implica ser víctima. La víctima no es libre, puede que no sepa lo que es la libertad, pero sabe que no es libre. El verdugo cree que es libre, pero no lo es, y, de hecho, aún está más lejos que nosotros de saber lo que es la libertad, pero eso no impide que pretenda ir por el mundo repartiendo libertad, la libertad del verdugo, la de América. El problema para Mohammed y para el resto del mundo es que los verdugos están tan convencidos de que su libertad es la única posible -cómo si la libertad tuviera una sola representación- que se empeñan en repartirla por el mundo, aunque sea ahorcando y torturando víctimas. Quizás va siendo hora de que alguien, como Morrisey, el cantante de The Smiths, diga o cante que América no es el mundo, ni tan siquiera el continente entero, del que han robado y apoderado del nombre. Probablemente ya lo sepamos, pero no viene mal recordarlo. Y es que, como canta Morrisey, en América no habrá un presidente mujer, ni negro, ni gay. En América, la única libertad es la que te permite elegir hamburguesas. America is not the world.
(1) El presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt después de invadir Nicaragua en 1912 e imponer Anastasio Somoza en el poder justificó las arbitrariedades de éste diciendo "puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta. (2) En Un mundo feliz Aldous Huxley describe una sociedad donde las personas son creadas genéticamente y educadas para cumplir un papel dentro del sistema. Según ese esquema, los alfa ocuparían el más alto escalafón educativo, económico y social. (3) El ex alto funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos escribió un libro en el que preconizaba en 1989 el Fin de la Historia una vez que el comunismo había sido derrotado, por lo que se entraba en una era en la que las ideologías no librarían más batallas. (4) Huxley, Aldous. Un mundo feliz. Editores mexicanos unidos, México1985. Página 25. (5) Schwartz, John. Una fina línea entre el ‘bien’ y el ’mal’. Página 1 de la separata de The New York Times incluida en El País. 20 de mayo de 2003. (6) Norman Mailer es escritor estadounidense autor de libros como Los ejércitos de la noche, ¿Por qué estamos en guerra? y La Canción del Verdugo. En éste último se cuenta la historia real de Gary Gilmore, desde que sale de la cárcel tras cumplir una condena hasta su ajusticiamiento, meses después de salir y de haber cometido dos asesinatos. (7) Samuel Huntington es un politólogo famoso por su teoría de El Choque de Civilizaciones preconiza que tras la batalla el fin del comunismo occidente se enfrente ahora al Islam.
Por Samuel Toledano. La Felguera
