¡Ravachol vuelve!

Respuesta a los aprendices de artistas...

Sábado 7 de noviembre de 2009, por la felguera

A través de numerosos emails, el pasado jueves 29 de junio a las 20.30 horas se había convocado la realización de un “atentado artístico” por medio de “poesía caótica” a la altura de la Plaza de Callao de Madrid, justo frente a la entrada de la FNAC. La acción consistiría en la lectura simultánea de poesías por parte de los participantes (sumergidos por un día en el sueño de ser actores) con el eje común de que debían contener la expresión “terrorismo artístico”. La convocatoria carecía supuestamente de organizadores, aunque estaba perfecta y rotundamente delimitada por medio de una serie de instrucciones en las que se explicaba, inclusive, el significado de ésta. Su fin era, según los convocantes, que “la poesía caótica que realicemos sea un símbolo de caos y arte”. El acto, anunciado como “una respuesta al estímulo que causa el orden y el no-arte de las calles de Madrid”, decía pretender “romper el ritmo, subir la voz, desordenar el ambiente, tirar por los suelos las pautas monótonas que nos ofrece la ciudad, despertar al viandante con poesía, sonido y desorden”.

Ya desde un primer momento y tras la lectura del desarrollo y naturaleza de la acción vimos claramente que se trataba del inocente juego, sin mayor problema para el urbanita y el transeúnte ávido de compras en plena zona comercial, de algún grupo de aspirantes a poetas, o peor aún, de apóstoles del arte moderno, la performance y la defensa de la propia miserabilidad del arte en el mundo de hoy.

Bajo estas razones decidimos provocar nosotros mismos una pequeña interrupción y ofrecer a sus participantes una idea antagónica a tal acción: que el “no-arte” no es lo mismo que el antiarte y que el artefacto del arte como forma de subversión y terrorismo cultural podía residir en la figura de alguien como el legendario anarquista Ravachol.

El panfleto, redactado y firmado entre el Colectivo de Trabajadores Culturales La Felguera y el proyecto Farenheit 451, llevaba por título “¡Ravachol vuelve!” y tenía como propósito ser repartido entre los participantes de tal acto. Lamentablemente y tras comprobar como la treintena de personas participantes (cuya práctica totalidad eran adolescentes, salvo su jefe-organizador que, subido a un par de cajas y con una ridícula nariz de payaso, dirigía la acción) abandonaban a toda prisa el lugar después de la inofensiva en grado máximo lectura de poemas como si se tratase de un grupo de nerviosos ladrones que huyen tras el atraco a un banco (¿pensarían quizás que habían hecho alguna maldad?), nos fue casi imposible entregar los panfletos. Lejos de acontecer ese caos profetizado por los convocantes, la acción quedó perfectamente, y sin mayor problema, integrada en el discurrir cotidiano de una ciudad acostumbrada ya a este tipo de propuestas que bien podrían ser subvencionadas por la obra social de alguna entidad bancaria.

Para aportar un elemento de debate a la proliferación de este tipo de formas vacías y caducas de cierto ejercicio de arte moderno y del coqueteo -lógicamente, sin quemarse los dedos- con las ideas de terrorismo cultural y de antiarte, reproducimos la octavilla en cuestión.

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