Ya desde un primer momento y tras la lectura del desarrollo y naturaleza de la acción vimos claramente que se trataba del inocente juego, sin mayor problema para el urbanita y el transeúnte ávido de compras en plena zona comercial, de algún grupo de aspirantes a poetas, o peor aún, de apóstoles del arte moderno, la performance y la defensa de la propia miserabilidad del arte en el mundo de hoy.
Bajo estas razones decidimos provocar nosotros mismos una pequeña interrupción y ofrecer a sus participantes una idea antagónica a tal acción: que el “no-arte” no es lo mismo que el antiarte y que el artefacto del arte como forma de subversión y terrorismo cultural podía residir en la figura de alguien como el legendario anarquista Ravachol.
El panfleto, redactado y firmado entre el Colectivo de Trabajadores Culturales La Felguera y el proyecto Farenheit 451, llevaba por título “¡Ravachol vuelve!” y tenía como propósito ser repartido entre los participantes de tal acto. Lamentablemente y tras comprobar como la treintena de personas participantes (cuya práctica totalidad eran adolescentes, salvo su jefe-organizador que, subido a un par de cajas y con una ridícula nariz de payaso, dirigía la acción) abandonaban a toda prisa el lugar después de la inofensiva en grado máximo lectura de poemas como si se tratase de un grupo de nerviosos ladrones que huyen tras el atraco a un banco (¿pensarían quizás que habían hecho alguna maldad?), nos fue casi imposible entregar los panfletos. Lejos de acontecer ese caos profetizado por los convocantes, la acción quedó perfectamente, y sin mayor problema, integrada en el discurrir cotidiano de una ciudad acostumbrada ya a este tipo de propuestas que bien podrían ser subvencionadas por la obra social de alguna entidad bancaria.
Para aportar un elemento de debate a la proliferación de este tipo de formas vacías y caducas de cierto ejercicio de arte moderno y del coqueteo -lógicamente, sin quemarse los dedos- con las ideas de terrorismo cultural y de antiarte, reproducimos la octavilla en cuestión.
